
Alejandro Vázquez es un nombre que resuena en Medellín. Su vida comenzó en Aranjuez, donde el fútbol dominaba sus días hasta que la música lo cautivó para siempre. De la mano de la Red de Escuelas de Música, un programa sociocultural que transformó las comunas de Medellín, Alejandro se adentra en el mundo del violín. Atrás quedaron los guayos para dedicar su vida al arte. Y así, lo que empezó como curiosidad se convirtió en vocación, luego en una carrera y finalmente en un propósito de vida.
Hoy, Alejandro es el director de la Filarmónica Metropolitana del Valle del Aburrá, iniciativa que surgió de un deseo de democratizar la música sinfónica, ofreciendo oportunidades de formación y crecimiento a jóvenes de todos los rincones del Valle de Aburrá.
“La Metro», como cariñosamente se le conoce, nació en Aranjuez en el 2018. Nuestra primera casa fue el Museo Pedro Nel Gómez, que nos abrió las puertas para hacer nuestros primeros ensayos, nuestros primeros conciertos y bueno, así nace lo que es la Filarmónica Metropolitana del Valle del Aburrá, aquí en el corazón de Aranjuez”. Señala Alejandro.
Sin embargo, su visión no se detiene ahí, Alejandro fundó Pasión y Corazón, una Corporación que busca crear, desarrollar y fortalecer escuelas de música y orquestas en Antioquia y otros lugares de Latinoamérica. Inspirado por las palabras de Beethoven y Mozart, Alejandro inculca en sus estudiantes que la música no solo debe tocarse afinada, sino con amor y pasión, una filosofía que dio nombre a su organización y que él practica y promueve.
La Filarmónica Metropolitana fue solo el comienzo. Alejandro entendió que democratizar la música sinfónica significaba también adaptarla a los contextos sociales de cada comunidad. Así nacieron la Filarmónica Indígena Emberá Chamí y la Filarmónica Afro, ambas con un enfoque pluriétnico que mezcla instrumentos y estilos autóctonos con la estructura sinfónica occidental.
Con estos proyectos, Alejandro ha logrado que las comunidades se sientan parte de la música, convirtiendo cada espacio en un escenario y a cada persona en un potencial artista.
Para Alejandro Vázquez, la música es un agente transformador de la sociedad, capaz de sanar y de construir. Hoy, en las calles de Aranjuez, en las comunidades indígenas de Antioquia y en las poblaciones afro del Urabá, el eco de su labor sigue vibrando.
Este producto es realizado con recursos públicos priorizados por habitantes de la comuna 4 Aranjuez, a través del Programa de Planeación de Desarrollo Local y Presupuesto Participativo del Distrito de Medellín.
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