El proceso de transformación en las comunidades se da por iniciativas que nacen por líderes, jóvenes o programas de diferentes colectivos, organizaciones, colegios, iglesias y demás. Liseth Rivera hace parte de uno de los grupos parroquiales de San Cayetano, llamado Comunidad Ser, un encuentro que nació en el 2022, con la intención de ser una red de apoyo para las personas de la comuna 4 de Medellín.
“Las comunidades Ser, quieren decir comunidades eclesiales para el reino de Dios. Son pequeños grupos de 10 a 15 personas en donde nos reunimos en las casas a conversar a base del evangelio, cómo Jesús va impactando la vida de nosotros como familias” Comenta Liseth.
Estas pequeñas comunidades o grupos juveniles se convierten en un espacio para compartir sobre la vida, alejarse de situaciones difíciles y que quieran empezar a tener una vida más espiritual. En San Cayetano la comunidad podrá encontrar diferentes grupos que van muy ligados a los talentos, lo que les gusta hacer o con lo que se sientan identificados.
“Si alguna persona le gusta leer entonces pueden estar en el grupo de proclamadores, hay gente que le gusta estar más con las personas, entonces somos los que estamos en las comunidades, para los jóvenes está el grupo juvenil y así sucesivamente”. Señala Liseth.
Existe una cultura de los grupos parroquiales y es que se cree que estos encuentros son precisamente para rezar, sin embargo, este espacio se da para que la comunidad preste un servicio por medio del testimonio de su propia vida. “Aquí pueden conocer más sobre cristo, pero no para ser sacerdotes, sino desde las mismas personas que somos laicos puedan sentir como Dios les habla a ustedes en su día día”.
Al principio Liseth no le llamaba la atención estos encuentros, incluso señala que le “aterraba”, pero su novio fue ese impulso de motivación para que ella se diera la oportunidad de conocer un poco más sobre esta comunidad. “Fue tan bonito el recibimiento del grupo, las personas, me sentí tan bien con ellos, me sentí identificada con muchas de las situaciones que pasaban allí con ellos, que decidí quedarme e ingresé al grupo Cofradía”, comenta.
A sus 32 años, Liseth se permitió enamorarse de Dios, conocerlo y trabajar para la comunidad con base en su testimonio de vida. Actualmente, es una de las servidoras principales de este grupo y se prepara junto a su esposo para ser catequista de parejas. “Mi invitación es para que no crean que estos grupos venimos a rezar, aquí nos divertimos, nos reímos y hacemos actividades para todos. Pero si su motivación también es acercarse a Dios empiece con un grupo parroquial que con seguridad lo va a encontrar”.

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