El fútbol, deporte rey por excelencia, despierta pasiones entre los aficionados y a pesar de las evoluciones del mundo, aún siguen los prejuicios para la labor de la mujer en este deporte. Así lo manifiesta Dora Marín Correa, una formadora de niños varones, en la fundación Deporte Balbo, en el barrio La Piñuela, comuna 4 de Medellín.
“Desde muy pequeña siempre recibí comentarios por ser mujer y sentir el gusto por el fútbol. Uno por ser mujer no tenía derecho a tocar un balón, pero siempre tuve la inclinación por este deporte y por eso cuando se me presentó la oportunidad, nunca dije que no” señala.
Dora desde que tiene uso de razón siempre se interesó por lo social y este amor lo terminó descubriendo debido a la situación que tuvo que enfrentar con su familia al ser desplazadas por reclutamiento en Simón Bolívar. “Cuando uno tiene algo que lo identifica, y empieza a ver las diferentes problemáticas a nivel social, uno se empieza a sentir con autoridad para manejar la situación”.
Hace 12 años hace parte de la acción comunal del barrio La Piñuela y aunque tiene otras ocupaciones, entre ellas sus dos hijas gemelas que le demandan bastante tiempo, no es obstáculo para Dora, quién terminó sus estudios en jornada nocturna, luego ingresó al Sena y actualmente sigue capacitándose con programas que ofrece Indeportes Antioquia.
Su papel de formadora en la fundación le ha unido sus dos amores, el fútbol y lo social, “esto es algo que amo hacer desde niña y vi una forma de crecer y ayudar a los demás, yo soy entrenadora de los niños más pequeños, de 5 a 7 años. Además, hago parte de la comisión disciplinaria, estoy pendiente de los padres de familia que sí realicen el pago y de los niños que se encuentran becados”, agrega.
El propósito de Dora en la fundación, es seguir ayudando a miles de habitantes de la comuna 4 de Medellín para seguir fortaleciendo el deporte en ellos. Asimismo tienen un plan de trabajo con otros niños que tienen otros intereses diferentes al fútbol y así rescatar esos talentos artísticos.
El de Dora es un caso de superación, de lucha y de ganas de mostrar el poder femenino que caracteriza a las mujeres paisas. “Yo era de muy baja autoestima y era de la que no creía que iba a lograr un objetivo en la vida, porque crecí en una familia que siempre escuchaba comentarios como – usted no va a hacer nadie en la vida, no va a lograr esto y lo otro -, pero cuando empecé a explorar mis capacidades y a creer en mí, me di cuenta que si podía y esto es lo que me tiene levantada porque mire todo lo que he podido lograr” puntualiza.

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